Material complementario de la sesión del 6 de diciembre de 2017.
Comparto la experiencia de Carlos Ornelas como profesor visitante en la Universidad de Hiroshima
Las escuelas secundarias de
Hiroshima
Acabo de cumplir dos meses de ser profesor
visitante en el Centro para el Estudio de la Cooperación Internacional en
Educación de la Universidad de Hiroshima. Aquí se asienta uno de los grupos de
investigación de educación comparada más importantes de Japón y de Asia. Pienso
cumplir tres propósitos con mi estancia, que termina el 31 de julio.
El primero es informar a los profesores y
estudiantes de posgrado sobre la Reforma Educativa en curso en México. Para
ello, mi colega, Riho Sarukai, quien es la responsable de mi presencia aquí,
programó cuatro seminarios; mañana será el último de la serie. Organicé el
contenido de las presentaciones con base en un artículo que el comité editorial
del Journal of International Cooperation in Education ya
aceptó para publicación. Además, daré una conferencia en la Universidad
Cristiana Internacional de Tokio, una institución de habla inglesa, la semana
que viene. Para concluir, el Instituto de Investigaciones en Educación Superior
de la Universidad de Hiroshima me pidió una conferencia sobre el estado de las
universidades en México. Ya la estoy preparando.
El segundo propósito es aprender lo más que pueda
del sistema educativo en Japón. Para satisfacerlo, leo libros y artículos,
aparte de tener charlas frecuentes con los colegas del Centro y de la
institución a la que pertenece, la Escuela de Posgrado en Cooperación
Internacional. Con la lectura de esos textos alimento mi proyecto de
investigación en la Universidad Autónoma Metropolitana.
Al igual que en mis investigaciones en México y
América Latina, no convengo nada más con leer; siempre trato de tener contacto
con las escuelas reales; así bajo de la abstracción a la práctica. Me interesa
charlar con estudiantes, maestros y directores; en especial con maestros frente
a grupo. Aunque, cuando hago visitas formales a los planteles, casi siempre
charlo más con directores. Concentro mi escrutinio en la educación básica.
Ya visité tres escuelas secundarias y tengo en la
agenda visitar otra y también una primaria, todas públicas. Hago trámites para visitar
al menos una institución privada. En entregas subsecuentes informaré con cierto
detalle de las instituciones que me reciben. Hoy nada más ofrezco sus
generalidades.
La secundaria Sagotani es una escuela rural de la
municipalidad de Hiroshima. Está situada en una zona de montañas, a una hora en
autobús del centro de la ciudad. Fue un acierto comenzar con una escuela que no
tiene nada de especial; me suministró el pulso de cómo trabajan las escuelas
regulares de este país.
La secundaria Kannon de Hiroshima se distingue por
estar situada en uno de los barrios de marginación social y económica (de
los Barakumin); nada de pobreza extrema, pero sí
delincuencia, desempleo, algo de drogadicción y violencia urbana. Hace 14 años,
al despuntar el siglo, la escuela Kannon mostraba los mismos signos de
deterioro del barrio. Hoy es un ejemplo de orden y trabajo; sus estudiantes se
desempeñan muy bien y la mayoría ingresa a la educación media, que ya no es
obligatoria, pero sí necesaria para desempeñarse en la vida de esta sociedad.
La escuela Gion Higashi se sitúa en un barrio de
clase media de Hiroshima. Es un plantel modelo, donde los designios de la
reforma que comenzó a aplicarse en 2002 parecen funcionar bien. La visitan
maestros y directivos de varias prefecturas, así como académicos japoneses y extranjeros.
Este enfoque se conoce como yutori kyôku, que
equivale a una educación liberal, flexible y confortable. Cuando el gobierno
lanzó la iniciativa, en 1998, fue muy popular porque mucha gente pensaba que el
estrés de los alumnos derivaba del trabajo excesivo y la competencia extrema
entre escuelas, lo que contribuía a incrementar los incidentes de violencia
escolar.
La tercera aspiración implica sellar productos de
mi estancia en la Universidad de Hiroshima. Junto con Jun Oba, del Instituto de
Investigaciones en Educación Superior, trabajo en un ensayo para comparar la
estructura de los sistemas educativos de Japón y México. Y, con Riho Sarukai,
preparo otro de mayor aliento para hacer un estudio comparado de educación en
valores democráticos o educación para la ciudadanía en Japón y en México.
Espero que concluyamos antes de que se termine 2014.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior
Sería
interesante leer el resultado de su investigación, ya que en lo personal admiro
mucho la cultura japonesa por la disciplina
Así es la
disciplina, que en casa se debe inculcar es la que representa un éxito en otros
países.
Las escuelas secundarias de
Hiroshima (II)
La semana pasada describí a grandes rasgos tres
escuelas secundarias que visité en Hiroshima. La presencia física me permite
corroborar lo que leo en libros y artículos. Sin embargo, las visitas me
deparaban sorpresas. En mi artículo del miércoles pasado destaqué las
diferencias en las escuelas; hoy presento sus rasgos comunes.
El plan de estudios es nacional, pero cada plantel
disfruta de altos grados de autonomía para ponerlo en práctica. El calendario
escolar es de 35 semanas, en las cuales deben cubrir mil 15 horas de
instrucción. La hora de entrada es a las 8:15. Antes de comenzar las clases los
alumnos leen por diez minutos algo de su interés que luego comentan en la
asignatura de japonés. Es un ejercicio para avivar el cerebro. Los martes
rinden breve homenaje a la bandera; no todas las escuelas cantan el himno nacional;
la mayoría tiene su propia canción.
Luego vienen cuatro clases de 50 minutos con
descansos de diez entre una y otra. De 12:30 a las 13:30 es la hora del
almuerzo (dos de las escuelas que visité tienen cocina y comedor; en la otra,
los alumnos lo llevan o lo compran a un proveedor de paquetes autorizado por el
municipio); otras dos sesiones de 50 minutos. Con frecuencia, los maestros
organizan excursiones o acompañan a sus alumnos los fines de semana para
encuentros de deportes o de arte y cultura.
Mis colegas me comentaron que así es en la mayoría
de los planteles; la norma se cumple. Lo que observé y no esperaba —porque no
lo había leído— al parecer sucede todos los días en las secundarias del
archipiélago japonés.
Las clases terminan a las 3:20 de la tarde. De las
3:25 a las 3:40, los estudiantes hacen la limpieza de sus pupitres, salones,
pasillos, laboratorios, auditorios y campos deportivos; y lo ejecutan a fondo.
Más asombroso todavía: los maestros hacen el aseo de las salas de juntas, sus
escritorios y otros muebles. Le pregunté al director de la escuela Gion Hiroshi
quién limpia su oficina y con una sonrisa apuntó a su pecho con el pulgar. En
las escuelas de Japón no hay trabajadores de intendencia.
Luego viene un rito entre ceremonia y festejo para
cerrar la parte escolarizada a las 4:05 de la tarde. Los maestros y los alumnos
se despiden y plantean sus buenos propósitos; hablan de amistad y respeto, de
tareas y diversiones.
No obstante, la escuela no se cierra. A esas horas
casi todos los alumnos se reúnen en sus clubes para actividades
extracurriculares (bukatzudö). Los hay de deportes: futbol y béisbol
—que son los favoritos— también de volibol, tenis, pingpong y kendo. Asimismo,
hay de música, teatro y de otras tradiciones como diseño de kimonos y
artesanías.
Los estudiantes organizan sus clubes, pero siempre
hay algún docente que supervisa las actividades; los maestros de deportes
entrenan y dirigen a los equipos de la escuela en las competencias, que se
realizan en fin de semana. Ellos tienen horarios diferentes. En el verano (el
calendario escolar comienza en abril), las escuelas pueden durar abiertas hasta
las 7:00 o 7:30 de la tarde; en el invierno, el itinerario se recorta, porque
la luz del día se va más temprano.
Lo que más me impresionó: la jornada laboral de los
docentes concluye a las 4:20. Pero casi todos se quedan hasta que termina la
actividad del club que supervisan. Los maestros que organizan paseos o visitas
al parque y museos los sábados y domingos lo hacen sin recibir salario por
ello. En las escuelas de esta tierra no se conoce el concepto de pago por horas
extra.
Le pregunté al director de una de las escuelas cómo
le hacía para convencer a los maestros de que desempeñaran esas tareas. Me dio
una respuesta en japonés de casi tres minutos. Riho Sarukai, mi colega en la
Universidad de Hiroshima, me dijo que era difícil traducir toda la expresión,
pero se puede resumir en una frase: El espíritu de los maestros japoneses.
Por lo narrado, parecería que descubrí la utopía.
Nada de eso, las escuelas de Japón tienen problemas. Hay casos deijime (bullying),
de niños que no estudian, de docentes indolentes, de padres monstruos (así
les dicen a los que sobreprotegen a sus hijos y les reclaman todo a los
maestros), discriminación contra minorías y otras dificultades; pero en
una escala mucho menor que en otras latitudes.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior
Bueno en
México, también tenemos un Plan de Estudios Nacional y en muchísimas escuelas
se hacen las adecuaciones curriculares, pues no es lo mismo trabajar en los
estados del norte del país que en los del sureste, vamos tan solo en el Edo de
México, no es lo mismo trabajar en Naucalpan que en Valle de Chalco. En este
país muchísimos profesores trabajamos de acuerdo a la caracterización grupal y
atendemos a las inteligencias múltiples. Los honores se hacen los días lunes y
hay un respeto a la diversidad, y participación grupal con poesías, efemérides,
presentación de proyectos, periódicos murales etc. No todas las escuelas
tienen cocina y comedor, pero tenemos cooperativas o tiendas escolares, también
organizamos excursiones (para verificar dense una vuelta al "papalote
museo del niño" o al museo de CFE, siempre hay ingreso de escuelas).
A la vez organizamos eventos deportivos, Concursos de escoltas, de poesía coral, etc, buscamos la vinculación escuela-comunidad y el desarrollo integral de los educandos.
A la vez organizamos eventos deportivos, Concursos de escoltas, de poesía coral, etc, buscamos la vinculación escuela-comunidad y el desarrollo integral de los educandos.
Creo que en 15 min se puede hacer aseo, pero no a fondo. En México no solo se limpia el pupitre, los padres construyen la escuela, desde conseguir el terreno; los pupitres se pintan se barnizan, se reponen vidrios, se pinta toda la escuela. Toda la escuela se organiza para reunir fondos y comprar insumos: como los instrumentos para la banda de guerra o el sonido para ensayar los bailables regionales. La demostración de las actividades extracurriculares se hace el 16 de septiembre, 20 de noviembre, 10 de mayo, clausura de cursos, etc. Porque de no ser así, la comunidad no nos reconocería. No he conocido maestro que reciba compensación por ir a vacunar con sus alumnos a la comunidad, pues año con año se coordina con el centro de salud, por ejemplo, en el municipio de Ecatzingo, Estado de México, todos los integrantes de la escuela telesecundaria salen a limpiar las barrancas año con año y nadie recibe compensación y además nadie la reclama.
El orgullo de
la Universidad de Hiroshima
A partir del 15 de abril, me desempeño como
profesor visitante en Centro para el Estudio de la Cooperación Internacional en
Educación (CICE), de la Universidad de Hiroshima; concluiré mi estancia el 31
de julio. El campus principal de la universidad se localiza en las afueras de
Saijo, al oriente de Hiroshima. El terreno es hermoso, un arroyo que nace entre
dos colinas atraviesa su parte central. Los edificios están rodeados de
jardines, árboles y flores. Este campus se inauguró en 1994. En la ciudad se quedaron
la Escuela de Medicina (por el hospital que atiende a pacientes) y otras pocas
dependencias.
La Universidad de Hiroshima nació de la conjunción
de siete escuelas en 1949, sólo cuatro años después de la primera explosión
atómica. Su matriz principal surgió de Escuela Secundaria de Hiroshima
(preparatoria), que la prefectura había fundado en 1902. El bachillerato ya no
es parte de las universidades japonesas.
Hoy, la Universidad de Hiroshima cuenta con 11
facultades. Se pensará que son pocas, pero la Facultad Integrada de Ciencias y
Artes aglutina a profesores y departamentos de varias disciplinas; la
aspiración de sus integrantes es desarrollar maneras de pensamiento y
perspectivas intelectuales con el fin de sumar las humanidades y las ciencias.
La Facultad de Ingeniería es la escuela insignia de la universidad; allí se
desarrolla tecnología nueva para proteger el medio ambiente, se hacen
innovaciones en decenas de ramas y es una de las instituciones pioneras en
biotecnología y procesos de ingeniería social (se refiere a transporte, drenaje
y otros servicios, no al concepto durkheimiano de control).
En 2012, la población estudiantil de la universidad
fue de 15 mil 520; cuatro mil 346 de posgrado; mil 006 eran extranjeros, más de
la mitad de China. En ese año sólo había un estudiante mexicano y otros siete
de América Latina y el Caribe. Además, la Universidad de Hiroshima reconoce a
otros cuatro mil 046 estudiantes de escuelas asociadas (públicas, de ciudades
cercanas pero con poca población). Tiene mil 748 profesores y mil 575
trabajadores no académicos, incluyendo al personal de enfermería y técnico del
hospital.
El CICE es parte de la Escuela de Posgrado en
Cooperación y Desarrollo Internacional. Aquí, como en el resto de la
universidad, el director y los profesores nos hacemos cargo de la limpieza de
nuestras oficinas; el poco personal de intendencia se ocupa de las áreas
comunes. El CICE es uno de los institutos de investigación educativa más
importantes de Japón. Todo su profesorado pertenece a la Sociedad Japonesa de
Educación Comparada e Internacional, que tiene sus congresos anuales en sábado y
domingo (para que no haya interrupción de labores). El número 50 se celebrará
este fin de semana en Nagoya.
Los cinco principios guías de la universidad son:
la búsqueda de la paz; la creación de nuevas formas de conocimiento; la
creación de seres humanos plenos; colaboración con las comunidades local,
regional e internacional; y autodesarrollo continuo. Aquí la paz es el valor
primordial. Su divisa: descubrir el placer de aprender.
Como es sabido Hiroshima superó la prueba de la
bomba atómica. Desde entonces la Universidad de Hiroshima se ha comprometido
con la atención médica para los sobrevivientes de accidentes atómicos, y es
pionera mundial en la investigación y aplicación de medicina de emergencia
radiológica. A partir del día siguiente del accidente de la central nuclear de
Fukushima, más de mil profesionales de ese campo han visitado las zonas
afectadas. Ellos hacen esfuerzos para garantizar la seguridad y la paz de
espíritu de los residentes de la zona del desastre.
Esta catástrofe se debió al terremoto del 11 de
marzo de 2011 y al tsunami que le siguió. Los daños fueron severos, pero las
medidas de protección a los civiles, la labor del gobierno japonés, y la
cooperación internacional, han limitado los perjuicios. En la recuperación de
los efectos del derrame nuclear, la movilización y organización de los
habitantes de la zona ha sido lo más importante.
La Universidad de Hiroshima tiene motivos para
afirmar que su labor es relevante. No sólo en la creación de conocimiento y
prevención de accidentes nucleares, sino en la aplicación práctica para
remediar sus males.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior
Vanessa
Patrón
¿De qué
manera se puede ingresar al programa del CICE, para hacer estancias como la
suya en Hiroshima?
Dos
bachilleratos en Hiroshima
En Japón la educación media se clasifica en dos
categorías principales. Los bachilleratos académicos, que preparan a los
jóvenes para el ingreso a la educación superior, y las escuelas vocacionales,
que aspiran a formar a los futuros trabajadores de la industria y los
servicios. Al igual que en el resto del mundo, la estratificación social se
reproduce, aunque no de manera mecánica, en el sistema educativo.
Japón tiene una peculiaridad en la jerarquía de sus
bachilleratos. Tanto la academia como la prensa y las familias califican la calidad
de los bachilleratos por el porcentaje de sus egresados que ingresan a las
universidades de prestigio. Muchas familias envían a sus hijos a los juko, instituciones privadas que entrenan a los jóvenes
para esos exámenes.
Visité dos escuelas de bachillerato que se sitúan
en los extremos. La Escuela Industria Kure Ko, en Kure, que ofrece bachillerato
tecnológico en mecánica, electricidad, mecatrónica e ingeniería de materiales.
Además, ofrece la oportunidad a los jóvenes que lo deseen de ingresar a educación
postsecundaria de dos años. La escuela Kure Ko es de abolengo, la prefectura de
Hiroshima la fundó hace 75 años; está situada en las colinas que rodean al
puerto. En este ciclo escolar están inscritos 523 alumnos. De ellos, nada más
53 son mujeres. La escuela cuenta con 46 docentes y siete instructores
prácticos de tiempo completo, además del director, el supervisor y el jefe de
enseñanza. De 67 maestros y administrativos, 12 son mujeres. Los profesores de
tiempo parcial son de inglés, artes y profesionales que laboran en la
industria. El enfoque es práctico, incluso en las actividades
extracurriculares.
Los padres de los chicos son trabajadores del
puerto, obreros calificados o empleados de comercio y servicios. La mayoría de
los estudiantes aspira a trabajar en la industria local, en especial en la
Mazda. Según las dos maestras de inglés que me guiaron, pocos alumnos le ven
utilidad a una lengua extranjera y escasos aspiran a ingresar a una
universidad. No obstante la mayoría pasa un examen nacional que los certifica
como técnicos.
La Academia para la Comunidad Internacional de
Japón integra secundaria y bachillerato. Es privada, y buena parte de la
instrucción es en inglés. Ofrece el bachillerato internacional y tiene una
escuela hermana en Nueva Zelanda, donde sus alumnos pasan temporadas cada año.
En bachillerato tiene 120 estudiantes. De 85 trabajadores, 14 son maestros
extranjeros cuya lengua nativa es el inglés. Ellos aprobaron los exámenes de
acreditación de la prefectura de Hiroshima. Sus docentes japoneses son
bilingües. El enfoque es académico, su misión principal, según el director,
quien es inglés, es preparar a los alumnos para que aprueben el examen de
ingreso a la Universidad de Tokio. En el tercer ciclo escolar, la escuela
contrata a un juko para ese fin. La mayoría de
sus egresados ha ingresado a universidades de prestigio, incluidas Tokio,
Harvard y Oxford.
El director de la escuela me comentó que a pesar
del enfoque internacional, la escuela mantiene los principios y tradiciones japoneses.
Los estudiantes participan en clubes de artes y deportes. La escuela está
situada en un suburbio de clase media en Hiroshima. Los padres de los alumnos
son profesionales, funcionarios de empresas y del gobierno y tienen gran
interés en que sus hijos tengan éxito en sus carreras.
En los dos bachilleratos observé la misma pasión y
deseos de los docentes de que sus alumnos se superen. Quieren que todos sean
buenos trabajadores, leales, cumplidos, competentes y buenos ciudadanos. Todos
los maestros dedican muchas horas a supervisar a los estudiantes en sus labores
extracurriculares. En ambas escuelas los estudiantes se hacen cargo de la
limpieza de sus salones e instalaciones y los maestros de sus oficinas. En la
de Kure, los docentes, además, se hacen cargo del mantenimiento del equipo de
laboratorios y talleres.
Cierto, la escuela reproduce el orden social y las
diferencias de clase. No obstante, ser obrero calificado en Japón es una
garantía de empleo bien remunerado y una vida digna. Tampoco se puede reprimir
a los padres que impulsan a sus hijos para que se superen. La brecha principal
reside en el capital cultural de las familias.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior
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