Material complementario de la sesión del 6 de diciembre de 2017.


Comparto la experiencia de Carlos Ornelas como profesor visitante en la Universidad de Hiroshima



Las escuelas secundarias de Hiroshima

Publicado por: Carlos Ornelas en Opinión 18 junio, 2014
  
Acabo de cumplir dos meses de ser profesor visitante en el Centro para el Estudio de la Cooperación Internacional en Educación de la Universidad de Hiroshima. Aquí se asienta uno de los grupos de investigación de educación comparada más importantes de Japón y de Asia. Pienso cumplir tres propósitos con mi estancia, que termina el 31 de julio.

El primero es informar a los profesores y estudiantes de posgrado sobre la Reforma Educativa en curso en México. Para ello, mi colega, Riho Sarukai, quien es la responsable de mi presencia aquí, programó cuatro seminarios; mañana será el último de la serie. Organicé el contenido de las presentaciones con base en un artículo que el comité editorial del Journal of International Cooperation in Education ya aceptó para publicación. Además, daré una conferencia en la Universidad Cristiana Internacional de Tokio, una institución de habla inglesa, la semana que viene. Para concluir, el Instituto de Investigaciones en Educación Superior de la Universidad de Hiroshima me pidió una conferencia sobre el estado de las universidades en México. Ya la estoy preparando.

El segundo propósito es aprender lo más que pueda del sistema educativo en Japón. Para satisfacerlo, leo libros y artículos, aparte de tener charlas frecuentes con los colegas del Centro y de la institución a la que pertenece, la Escuela de Posgrado en Cooperación Internacional. Con la lectura de esos textos alimento mi proyecto de investigación en la Universidad Autónoma Metropolitana.

Al igual que en mis investigaciones en México y América Latina, no convengo nada más con leer; siempre trato de tener contacto con las escuelas reales; así bajo de la abstracción a la práctica. Me interesa charlar con estudiantes, maestros y directores; en especial con maestros frente a grupo. Aunque, cuando hago visitas formales a los planteles, casi siempre charlo más con directores. Concentro mi escrutinio en la educación básica.
Ya visité tres escuelas secundarias y tengo en la agenda visitar otra y también una primaria, todas públicas. Hago trámites para visitar al menos una institución privada. En entregas subsecuentes informaré con cierto detalle de las instituciones que me reciben. Hoy nada más ofrezco sus generalidades.

La secundaria Sagotani es una escuela rural de la municipalidad de Hiroshima. Está situada en una zona de montañas, a una hora en autobús del centro de la ciudad. Fue un acierto comenzar con una escuela que no tiene nada de especial; me suministró el pulso de cómo trabajan las escuelas regulares de este país.

La secundaria Kannon de Hiroshima se distingue por estar situada en uno de los barrios de marginación social y económica (de los Barakumin); nada de pobreza extrema, pero sí delincuencia, desempleo, algo de drogadicción y violencia urbana. Hace 14 años, al despuntar el siglo, la escuela Kannon mostraba los mismos signos de deterioro del barrio. Hoy es un ejemplo de orden y trabajo; sus estudiantes se desempeñan muy bien y la mayoría ingresa a la educación media, que ya no es obligatoria, pero sí necesaria para desempeñarse en la vida de esta sociedad.

La escuela Gion Higashi se sitúa en un barrio de clase media de Hiroshima. Es un plantel modelo, donde los designios de la reforma que comenzó a aplicarse en 2002 parecen funcionar bien. La visitan maestros y directivos de varias prefecturas, así como académicos japoneses y extranjeros. Este enfoque se conoce como yutori kyôku, que equivale a una educación liberal, flexible y confortable. Cuando el gobierno lanzó la iniciativa, en 1998, fue muy popular porque mucha gente pensaba que el estrés de los alumnos derivaba del trabajo excesivo y la competencia extrema entre escuelas, lo que contribuía a incrementar los incidentes de violencia escolar.

La tercera aspiración implica sellar productos de mi estancia en la Universidad de Hiroshima. Junto con Jun Oba, del Instituto de Investigaciones en Educación Superior, trabajo en un ensayo para comparar la estructura de los sistemas educativos de Japón y México. Y, con Riho Sarukai, preparo otro de mayor aliento para hacer un estudio comparado de educación en valores democráticos o educación para la ciudadanía en Japón y en México. Espero que concluyamos antes de que se termine 2014.

*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior



Sería interesante leer el resultado de su investigación, ya que en lo personal admiro mucho la cultura japonesa por la disciplina

Así es la disciplina, que en casa se debe inculcar es la que representa un éxito en otros países.

Las escuelas secundarias de Hiroshima (II)
Publicado por: Carlos Ornelas en Opinión 25 junio, 2014

La semana pasada describí a grandes rasgos tres escuelas secundarias que visité en Hiroshima. La presencia física me permite corroborar lo que leo en libros y artículos. Sin embargo, las visitas me deparaban sorpresas. En mi artículo del miércoles pasado destaqué las diferencias en las escuelas; hoy presento sus rasgos comunes.

El plan de estudios es nacional, pero cada plantel disfruta de altos grados de autonomía para ponerlo en práctica. El calendario escolar es de 35 semanas, en las cuales deben cubrir mil 15 horas de instrucción. La hora de entrada es a las 8:15. Antes de comenzar las clases los alumnos leen por diez minutos algo de su interés que luego comentan en la asignatura de japonés. Es un ejercicio para avivar el cerebro. Los martes rinden breve homenaje a la bandera; no todas las escuelas cantan el himno nacional; la mayoría tiene su propia canción.

Luego vienen cuatro clases de 50 minutos con descansos de diez entre una y otra. De 12:30 a las 13:30 es la hora del almuerzo (dos de las escuelas que visité tienen cocina y comedor; en la otra, los alumnos lo llevan o lo compran a un proveedor de paquetes autorizado por el municipio); otras dos sesiones de 50 minutos. Con frecuencia, los maestros organizan excursiones o acompañan a sus alumnos los fines de semana para encuentros de deportes o de arte y cultura.

Mis colegas me comentaron que así es en la mayoría de los planteles; la norma se cumple. Lo que observé y no esperaba —porque no lo había leído— al parecer sucede todos los días en las secundarias del archipiélago japonés.

Las clases terminan a las 3:20 de la tarde. De las 3:25 a las 3:40, los estudiantes hacen la limpieza de sus pupitres, salones, pasillos, laboratorios, auditorios y campos deportivos; y lo ejecutan a fondo. Más asombroso todavía: los maestros hacen el aseo de las salas de juntas, sus escritorios y otros muebles. Le pregunté al director de la escuela Gion Hiroshi quién limpia su oficina y con una sonrisa apuntó a su pecho con el pulgar. En las escuelas de Japón no hay trabajadores de intendencia.

Luego viene un rito entre ceremonia y festejo para cerrar la parte escolarizada a las 4:05 de la tarde. Los maestros y los alumnos se despiden y plantean sus buenos propósitos; hablan de amistad y respeto, de tareas y diversiones.

No obstante, la escuela no se cierra. A esas horas casi todos los alumnos se reúnen en sus clubes para actividades extracurriculares (bukatzudö). Los hay de deportes: futbol y béisbol —que son los favoritos— también de volibol, tenis, pingpong y kendo. Asimismo, hay de música, teatro y de otras tradiciones como diseño de kimonos y artesanías.

Los estudiantes organizan sus clubes, pero siempre hay algún docente que supervisa las actividades; los maestros de deportes entrenan y dirigen a los equipos de la escuela en las competencias, que se realizan en fin de semana. Ellos tienen horarios diferentes. En el verano (el calendario escolar comienza en abril), las escuelas pueden durar abiertas hasta las 7:00 o 7:30 de la tarde; en el invierno, el itinerario se recorta, porque la luz del día se va más temprano.

Lo que más me impresionó: la jornada laboral de los docentes concluye a las 4:20. Pero casi todos se quedan hasta que termina la actividad del club que supervisan. Los maestros que organizan paseos o visitas al parque y museos los sábados y domingos lo hacen sin recibir salario por ello. En las escuelas de esta tierra no se conoce el concepto de pago por horas extra.

Le pregunté al director de una de las escuelas cómo le hacía para convencer a los maestros de que desempeñaran esas tareas. Me dio una respuesta en japonés de casi tres minutos. Riho Sarukai, mi colega en la Universidad de Hiroshima, me dijo que era difícil traducir toda la expresión, pero se puede resumir en una frase: El espíritu de los maestros japoneses.

Por lo narrado, parecería que descubrí la utopía. Nada de eso, las escuelas de Japón tienen problemas. Hay casos deijime (bullying), de niños que no estudian, de docentes indolentes, de padres monstruos (así les dicen a los que sobreprotegen a sus hijos y les reclaman todo a los maestros), discriminación contra minorías y otras dificultades; pero en una escala mucho menor que en otras latitudes.

*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior



Bueno en México, también tenemos un Plan de Estudios Nacional y en muchísimas escuelas se hacen las adecuaciones curriculares, pues no es lo mismo trabajar en los estados del norte del país que en los del sureste, vamos tan solo en el Edo de México, no es lo mismo trabajar en Naucalpan que en Valle de Chalco. En este país muchísimos profesores trabajamos de acuerdo a la caracterización grupal y atendemos a las inteligencias múltiples. Los honores se hacen los días lunes y hay un respeto a la diversidad, y participación grupal con poesías, efemérides, presentación de proyectos, periódicos murales etc. No todas las escuelas tienen cocina y comedor, pero tenemos cooperativas o tiendas escolares, también organizamos excursiones (para verificar dense una vuelta al "papalote museo del niño" o al museo de CFE, siempre hay ingreso de escuelas).
A la vez organizamos eventos deportivos, Concursos de escoltas, de poesía coral, etc, buscamos la vinculación escuela-comunidad y el desarrollo integral de los educandos.

Creo que en 15 min se puede hacer aseo, pero no a fondo. En México no solo se limpia el pupitre, los padres construyen la escuela, desde conseguir el terreno; los pupitres se pintan se barnizan, se reponen vidrios, se pinta toda la escuela. Toda la escuela se organiza para reunir fondos y comprar insumos: como los instrumentos para la banda de guerra o el sonido para ensayar los bailables regionales. La demostración de las actividades extracurriculares se hace el 16 de septiembre, 20 de noviembre, 10 de mayo, clausura de cursos, etc. Porque de no ser así, la comunidad no nos reconocería. No he conocido maestro que reciba compensación por ir a vacunar con sus alumnos a la comunidad, pues año con año se coordina con el centro de salud, por ejemplo, en el municipio de Ecatzingo, Estado de México, todos los integrantes de la escuela telesecundaria salen a limpiar las barrancas año con año y nadie recibe compensación y además nadie la reclama.
  
El orgullo de la Universidad de Hiroshima
Publicado por: Carlos Ornelas en Opinión 9 julio, 2014
  
A partir del 15 de abril, me desempeño como profesor visitante en Centro para el Estudio de la Cooperación Internacional en Educación (CICE), de la Universidad de Hiroshima; concluiré mi estancia el 31 de julio. El campus principal de la universidad se localiza en las afueras de Saijo, al oriente de Hiroshima. El terreno es hermoso, un arroyo que nace entre dos colinas atraviesa su parte central. Los edificios están rodeados de jardines, árboles y flores. Este campus se inauguró en 1994. En la ciudad se quedaron la Escuela de Medicina (por el hospital que atiende a pacientes) y otras pocas dependencias.

La Universidad de Hiroshima nació de la conjunción de siete escuelas en 1949, sólo cuatro años después de la primera explosión atómica. Su matriz principal surgió de Escuela Secundaria de Hiroshima (preparatoria), que la prefectura había fundado en 1902. El bachillerato ya no es parte de las universidades japonesas.

Hoy, la Universidad de Hiroshima cuenta con 11 facultades. Se pensará que son pocas, pero la Facultad Integrada de Ciencias y Artes aglutina a profesores y departamentos de varias disciplinas; la aspiración de sus integrantes es desarrollar maneras de pensamiento y perspectivas intelectuales con el fin de sumar las humanidades y las ciencias. La Facultad de Ingeniería es la escuela insignia de la universidad; allí se desarrolla tecnología nueva para proteger el medio ambiente, se hacen innovaciones en decenas de ramas y es una de las instituciones pioneras en biotecnología y procesos de ingeniería social (se refiere a transporte, drenaje y otros servicios, no al concepto durkheimiano de control).

En 2012, la población estudiantil de la universidad fue de 15 mil 520; cuatro mil 346 de posgrado; mil 006 eran extranjeros, más de la mitad de China. En ese año sólo había un estudiante mexicano y otros siete de América Latina y el Caribe. Además, la Universidad de Hiroshima reconoce a otros cuatro mil 046 estudiantes de escuelas asociadas (públicas, de ciudades cercanas pero con poca población). Tiene mil 748 profesores y mil 575 trabajadores no académicos, incluyendo al personal de enfermería y técnico del hospital.

El CICE es parte de la Escuela de Posgrado en Cooperación y Desarrollo Internacional. Aquí, como en el resto de la universidad, el director y los profesores nos hacemos cargo de la limpieza de nuestras oficinas; el poco personal de intendencia se ocupa de las áreas comunes. El CICE es uno de los institutos de investigación educativa más importantes de Japón. Todo su profesorado pertenece a la Sociedad Japonesa de Educación Comparada e Internacional, que tiene sus congresos anuales en sábado y domingo (para que no haya interrupción de labores). El número 50 se celebrará este fin de semana en Nagoya.

Los cinco principios guías de la universidad son: la búsqueda de la paz; la creación de nuevas formas de conocimiento; la creación de seres humanos plenos; colaboración con las comunidades local, regional e internacional; y autodesarrollo continuo. Aquí la paz es el valor primordial. Su divisa: descubrir el placer de aprender.

Como es sabido Hiroshima superó la prueba de la bomba atómica. Desde entonces la Universidad de Hiroshima se ha comprometido con la atención médica para los sobrevivientes de accidentes atómicos, y es pionera mundial en la investigación y aplicación de medicina de emergencia radiológica. A partir del día siguiente del accidente de la central nuclear de Fukushima, más de mil profesionales de ese campo han visitado las zonas afectadas. Ellos hacen esfuerzos para garantizar la seguridad y la paz de espíritu de los residentes de la zona del desastre.

Esta catástrofe se debió al terremoto del 11 de marzo de 2011 y al tsunami que le siguió. Los daños fueron severos, pero las medidas de protección a los civiles, la labor del gobierno japonés, y la cooperación internacional, han limitado los perjuicios. En la recuperación de los efectos del derrame nuclear, la movilización y organización de los habitantes de la zona ha sido lo más importante.

La Universidad de Hiroshima tiene motivos para afirmar que su labor es relevante. No sólo en la creación de conocimiento y prevención de accidentes nucleares, sino en la aplicación práctica para remediar sus males.

*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Publicado en Excelsior

  
Vanessa Patrón
¿De qué manera se puede ingresar al programa del CICE, para hacer estancias como la suya en Hiroshima?


Dos bachilleratos en Hiroshima
Publicado por: Carlos Ornelas en Opinión 30 julio, 2014

En Japón la educación media se clasifica en dos categorías principales. Los bachilleratos académicos, que preparan a los jóvenes para el ingreso a la educación superior, y las escuelas vocacionales, que aspiran a formar a los futuros trabajadores de la industria y los servicios. Al igual que en el resto del mundo, la estratificación social se reproduce, aunque no de manera mecánica, en el sistema educativo.

Japón tiene una peculiaridad en la jerarquía de sus bachilleratos. Tanto la academia como la prensa y las familias califican la calidad de los bachilleratos por el porcentaje de sus egresados que ingresan a las universidades de prestigio. Muchas familias envían a sus hijos a los juko, instituciones privadas que entrenan a los jóvenes para esos exámenes.

Visité dos escuelas de bachillerato que se sitúan en los extremos. La Escuela Industria Kure Ko, en Kure, que ofrece bachillerato tecnológico en mecánica, electricidad, mecatrónica e ingeniería de materiales. Además, ofrece la oportunidad a los jóvenes que lo deseen de ingresar a educación postsecundaria de dos años. La escuela Kure Ko es de abolengo, la prefectura de Hiroshima la fundó hace 75 años; está situada en las colinas que rodean al puerto. En este ciclo escolar están inscritos 523 alumnos. De ellos, nada más 53 son mujeres. La escuela cuenta con 46 docentes y siete instructores prácticos de tiempo completo, además del director, el supervisor y el jefe de enseñanza. De 67 maestros y administrativos, 12 son mujeres. Los profesores de tiempo parcial son de inglés, artes y profesionales que laboran en la industria. El enfoque es práctico, incluso en las actividades extracurriculares.

Los padres de los chicos son trabajadores del puerto, obreros calificados o empleados de comercio y servicios. La mayoría de los estudiantes aspira a trabajar en la industria local, en especial en la Mazda. Según las dos maestras de inglés que me guiaron, pocos alumnos le ven utilidad a una lengua extranjera y escasos aspiran a ingresar a una universidad. No obstante la mayoría pasa un examen nacional que los certifica como técnicos.

La Academia para la Comunidad Internacional de Japón integra secundaria y bachillerato. Es privada, y buena parte de la instrucción es en inglés. Ofrece el bachillerato internacional y tiene una escuela hermana en Nueva Zelanda, donde sus alumnos pasan temporadas cada año. En bachillerato tiene 120 estudiantes. De 85 trabajadores, 14 son maestros extranjeros cuya lengua nativa es el inglés. Ellos aprobaron los exámenes de acreditación de la prefectura de Hiroshima. Sus docentes japoneses son bilingües. El enfoque es académico, su misión principal, según el director, quien es inglés, es preparar a los alumnos para que aprueben el examen de ingreso a la Universidad de Tokio. En el tercer ciclo escolar, la escuela contrata a un juko para ese fin. La mayoría de sus egresados ha ingresado a universidades de prestigio, incluidas Tokio, Harvard y Oxford.

El director de la escuela me comentó que a pesar del enfoque internacional, la escuela mantiene los principios y tradiciones japoneses. Los estudiantes participan en clubes de artes y deportes. La escuela está situada en un suburbio de clase media en Hiroshima. Los padres de los alumnos son profesionales, funcionarios de empresas y del gobierno y tienen gran interés en que sus hijos tengan éxito en sus carreras.

En los dos bachilleratos observé la misma pasión y deseos de los docentes de que sus alumnos se superen. Quieren que todos sean buenos trabajadores, leales, cumplidos, competentes y buenos ciudadanos. Todos los maestros dedican muchas horas a supervisar a los estudiantes en sus labores extracurriculares. En ambas escuelas los estudiantes se hacen cargo de la limpieza de sus salones e instalaciones y los maestros de sus oficinas. En la de Kure, los docentes, además, se hacen cargo del mantenimiento del equipo de laboratorios y talleres.

Cierto, la escuela reproduce el orden social y las diferencias de clase. No obstante, ser obrero calificado en Japón es una garantía de empleo bien remunerado y una vida digna. Tampoco se puede reprimir a los padres que impulsan a sus hijos para que se superen. La brecha principal reside en el capital cultural de las familias.

*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

Publicado en Excelsior

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